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Historias de ayer,de hoy de mañana

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Re: Historias de ayer,de hoy de mañana

Mensaje por fabiolaselene_ el Miér Oct 14 2015, 22:37





En el camino

Las cascadas tienen la tonalidad esmeralda que les otorga el follaje de los árboles. El grito de un pájaro corta la tarde y yo en la orilla me estremezco, los pies desnudos aferrándose a la aspereza de las rocas.

Siento frío, el sol desciende. Tampoco sé dónde estoy, tomé un camino al azar: ¿en qué recodo me perdí? Se acerca la noche, tendré que volver. A qué sitio, si acabo de escapar.

No encuentro respuesta. ¿El rumbo soy yo, con mi búsqueda? Quiero creerlo, estoy rumbeando hacia otros territorios y trazo un mapa nuevo de mi vida, igual que un cartógrafo con Parkinson.

Más adelante veo el arco de una playa de piedras blancas como terrones de azúcar. La libertad es algo próximo y rutilante: es esa playita, el agua que cae, forma remolinos y corre lejos. Mis ojos ardidos la esquivan en el temor de enturbiarla.

Me gustaría oír a mis espaldas una voz que pronuncie mi nombre, escuchar pasos que se acercan, unos brazos rodeándome. Que haya palabras susurradas junto a mi cuello, palabras húmedas, con aliento a nostalgia. Dedos que recorran mis omóplatos, la cintura, en el intento de rearmar las piezas de un derrumbe.

Que esas manos tiemblen. Darme vuelta y reconocer, por fin, el puerto, el muelle que cobijará mi deriva.

Para eso falta mucho, apenas salí a construir un camino.
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Re: Historias de ayer,de hoy de mañana

Mensaje por fabiolaselene_ el Dom Oct 18 2015, 23:05



Corpus

Alguien dice: el fuego hace sudar al que lo cuida. Por una asociación que aún no descifro, me aparece la imagen de una fogata en la playa y el lomo reluciente de un caballo de ébano que se confunde con la noche.

Pienso en el fuego, pienso en caballos y en mi cuerpo, aterido y seco. ¿No supe cuidar el fuego? Permití que se apagara o, tal vez, fue tan intenso que arrebató mi carne y sólo dejó huesos combustos, cubiertos por lonjas de piel, como hilachas de un vestido viejo.

El cuerpo duele, siempre me duele, habla por lo que callo. El cuerpo no sabe de palabras, se expresa en los latidos irregulares, acelerados; en los espasmos; en las diminutas contracciones repentinas. Grita en las punzadas que hacen apretar los dientes o los puños para no mostrar cobardía.

Pienso en el cuerpo y pienso en caballos salvajes que galopan en el crepúsculo. Las crines son espadas tajeando el carmín del aire. Las colas azotan las ancas, redondas, tensas, por las que resbala la sal del sudor, como si ellos mismos se fustigaran para correr más rápido y ganarle al sol, antes de que su lámpara roja caiga del otro lado del horizonte.

Los belfos les trepidan y veo sus siluetas contra la luna transparente, que emerge delicada, silenciosa, a espaldas del sol.

Pero el cuerpo es también hostia profana o pan desacralizado, quizás porque preferí remontarme con los pájaros almáticos.

Me doy cuenta de que mi cuerpo ha callado, ya no duele, como si no existiera. ¿Será así la muerte, un analgésico eterno?

Mis párpados se cierran, la fogata se extingue, los caballos se apartan del agua que les absorbe su potencia. El sueño llega.
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Re: Historias de ayer,de hoy de mañana

Mensaje por fabiolaselene_ el Dom Oct 18 2015, 23:06



Pasos

El que vive en el departamento de arriba es adicto a las caminatas. El golpeteo de sus tacos repercute en mi monoambiente. Cada paso es como un gong que vibra en el aire o como si Robocop se paseara sobre mi cabeza.

No tengo escapatoria, soy un tipo metódico, trabajo en casa, salgo sólo a estirar las piernas o para las compras. Me mudé a este edificio hace poco, por algo el alquiler es tan barato. A la semana empezaron las idas y venidas y un polvillo leve cayó del cielorraso. Me preocupé cuando las marchas y contramarchas se extendieron hasta tarde y después durante la noche.

Mientras trabajo estoy con los auriculares puestos, escucho melodías suaves, que no me desconcentran. Pero llegó un momento en que tuve que subir el volumen, esos pasos parecían producirse en el interior de mi cráneo tapando la música.

Una noche me levanté y fui a tocarle el timbre. Nadie abrió y los paseos continuaron.

No tenemos portería ni encargado, hay una mujer que limpia los paliers y el hall de entrada dos veces por semana. Me dijo que nunca había visto al del 4º B.

El edificio da la impresión de estar deshabitado. Cuando salgo no me cruzo con ningún vecino y visto desde la acera de enfrente, las ventanas tienen las persianas siempre bajas. Conjeturo que como son departamentos de un ambiente no viven familias; debe vivir gente sola, que trabaja todo el día y vuelve recién por la noche. Menos yo y el de arriba.

Hablé con la inmobiliaria, que también es la que administra. El empleado me informó que el tipo envía puntualmente los cheques del alquiler y de las expensas. Se mudó hace años, dijo, ya no lo recuerda y sólo dejó un número de teléfono para emergencias.

En cuanto llegué a casa marqué el número, escuché los pasos y al mismo tiempo los timbrazos que progresaban en un vacío casi aterrador. Lo dejé sonar cinco minutos. La respuesta fueron los pasos ahuecándome el cerebro.

En ese momento hice mi declaración de guerra. Llamados, puñetazos en la puerta, le deslizaba papeles con las palabras más soeces que conozco, amenazas inverosímiles. Me fue venciendo la frustración y descuidé mis actividades. Estaba pendiente de los pasos, apenas dormía y cuando iba un rato a sentarme en el banco de una plaza, en medio de mi modorra, elaboraba estrategias para librarme del caminante. Imaginaba que cada una de sus pisadas se alargaba, en una procesión maléfica, hacia el camino del averno.




La solución la encontró la inmobiliaria. Me llamaron para ofrecerme un departamento, que se acababa de desocupar en el 6º piso del mismo edificio. Aunque era más caro, acepté. Con el espíritu alivianado guardé en cajas mis escasas pertenencias. En esos días, tal vez por la euforia de irme, los pasos parecían haber menguado su potencia.

Me sentí afortunado con la mudanza, el ambiente era más amplio, daba a un lateral luminoso, donde también quedaría a resguardo de los ruidos de la calle.

Después del traslado hubo un período de serenidad, incluso estaba a gusto conmigo mismo. Tardé más de lo necesario en acomodar los pocos muebles. Consulté un libro de Feng Shui, corrí el sofá cama y el escritorio numerosas veces, quería encontrar el ángulo óptimo, la luz y la orientación acertada.

Espacié mis idas al supermercado, terminé por hacer el pedido por teléfono. Tampoco volví a salir a caminar, hacía footing dentro del ambiente espacioso, casi monástico. Entre esas cuatro paredes estaba todo lo que podía desear. Desde la ventana seguía el cambio de las horas, del clima. Veía alas de nubes que navegaban por el cielo como velas pálidas, o la noche rota por la luna.

La paz terminó cuando empezaron los timbrazos y la estridencia del teléfono, hasta que lo desconecté. Más tarde vinieron los insultos, escritos con letras de imprenta y rodeados de puntos de exclamación, que me pasaban por debajo de la puerta.
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Re: Historias de ayer,de hoy de mañana

Mensaje por fabiolaselene_ el Lun Oct 19 2015, 16:08



Se fue una noche

Tomó la cartera y sin mirarme caminó hacia la puerta. La abrió y salió dando un portazo. Los vidrios de la ventana tintinearon durante unos segundos. Yo no me moví, quedé acostado en esa cama por horas, donde habrán pasado amores, deseos, despedidas.

Ella no se despidió, no era su estilo; se fue dando un portazo: su última palabra. La forma de hacerme sentir que yo era una lombriz que había tenido la osadía de subirme por su zapato de marca importada. Antes habló, no hubiese podido dejar quieta su lengua de hiel. Después en el baño vomitó; se ve que las palabras dichas no fueron suficientes, el hígado no había descargado toda su ira, ni escupido toda su bilis.

Dije lo mío, aunque tuviese el sabor de lo inútil. Cuando ella habló, me callé. Ya la había visto enardecerse de esa manera, no conmigo. Hasta hoy. Había sido un mero espectador de sus incandescencias cuando hablaba por teléfono, no sé bien con quien. Mencionaba mucho a sus empleados, los que trabajan para mí, decía irguiendo la cabeza y los ojos entrecerrados se volvían dos ranuras de hielo. Soy inexorable, pero justa, como las Parcas, aclaraba. Desde mi óptica nada tenían de justas, porque ellas con el trenzado de los hilos determinaban la existencia de las personas y, con un golpe de tijera, la muerte.

¿Qué nos unió? Historias nocturnas de abandonos y carencias, tal vez. No podíamos ser más diferentes: yo, un tipo común, que escucha y busca entender, con mis más y con mis menos, como cualquiera. Alguien que amó, dejó de amar, que le gustan las caminatas solitarias por la vereda del sol, con alguna vieja canción sonando en su cabeza. Que busca un bar cerca de un rincón verde que la ciudad todavía no se haya tragado y que toma su café mientras garabatea frases en una libreta que nadie leerá. Un tipo tranquilo, que adaptó los actos vitales a sus necesidades.

Cuando apareció ella, de un modo contingente, la vida se aceleró. Hubo encuentros y desencuentros; alguna carcajada amarga, ninguna sonrisa: jamás la vi sonreír. Tuvimos momentos de silencio, que parecían catástrofes repentinas; en otros, nuestras voces quedaban sepultadas bajo la llovizna de la incomunicación.

Nunca supe su nombre real, decía que era impronunciable, de origen escandinavo. Se presentaba como Scarlett, por su pelo rojo y por su personaje favorito: Scarlett O’Hara. Si olvidaba el papel que se había impuesto desempeñar hasta sus últimas consecuencias, si podía aflojarse, hasta llegábamos a querernos. Sé que se hizo como un escultor a su obra, a martillazos.

Aquellos fueron días eléctricos, tenía que cuidar mis palabras, el modo de decirlas, los gestos. Siempre estaba esperando la tormenta, que los relámpagos restallaran en el aire, como las llamas de su pelo. Desistí de apaciguarla con argumentaciones, lo reservaba para el tiempo de nuestros cuerpos entre las sábanas que, por un rato, también le entibiaban el alma.

En esos meses viví en la incertidumbre, sujeto a turbulencias alternadas con la ilusión de una calma fugaz. Llegó la noche en que hablé como ella, sólo que sin levantar la voz. Scarlett, mientras se vestía, caminaba por el cuarto, las mandíbulas contraídas en ese tic, efecto de una insatisfacción insuperable.

Con las palabras finales, rubricadas por el portazo, terminó todo y la habitación extraña pareció demasiado vacía. Yo también, con un hueco que volvería a llenar con mis paseos por calles arboladas, lejos del tránsito, buscando el aroma del café recién hecho y la libreta, con tantos pensamientos para anotar y que nunca nadie leería.
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Re: Historias de ayer,de hoy de mañana

Mensaje por fabiolaselene_ el Mar Oct 20 2015, 15:54


Aromas

Para Ignacio noviembre era el mes que perfumaba a jazmines y le traía recuerdos de la infancia. Al llegar esa época, empezaba a buscar sus efluvios en los quioscos de flores, para reavivar la memoria sensorial.

Fue entonces cuando se dio cuenta de que había perdido el olfato.

Un vendedor ambulante pasó junto a él con un cesto de mimbre que desbordaba jazmines, bellos en la luz de su blancura, pero carentes de aroma. Ignacio se frotó la nariz, se la sonó repetidas veces, mientras seguía al vendedor esperando la anhelada estela de fragancia. No ocurrió nada, como si los jazmines fuesen de cera o de plástico. Las rodillas se le aflojaron, se sujetó de una reja y tomó conciencia de que en los últimos tiempos ningún olor le había incitado o disgustado. Su nariz era un apéndice de hielo, insensible a cualquier emanación.

Lo vivo rezuma olores ¿algo habría muerto en él? Tendría que ir al médico ¿y si no hubiese cura, si estuviese perdiendo paulatinamente los sentidos? Ya era miope y a veces no entendía lo que se hablaba en los noticieros y debía subir un poco el volumen. En cuanto al gusto, no toleraba lo muy caliente o el exceso de frío, pero con los sabores su paladar seguía siendo escrupuloso. Acarició el hierro de la reja en la que se sostenía y debajo de los dedos percibió unos leves grumos de pintura. El tacto funcionaba.

Ignacio se apuró para volver a casa. Durante el trayecto, obsesivamente, dilataba y contraía las fosas nasales, en un afán espasmódico de percibir olores. El mundo se había convertido en un quirófano aséptico y por primera vez añoró la pestilencia provocada por el tránsito. Esta anomalía no pudo ocurrirle de improviso, sin embargo recién la había detectado en la falta de perfume de los jazmines, ligados a momentos importantes de su vida y que no lograba rememorar: también se habían borrado los recuerdos asociados a ellos. Retrocedió en la memoria —un retroceso en el vacío— y no consiguió reflotar acontecimientos o personas que aclararan por qué esas flores eran tan valiosas para él.

Cuando abrió la puerta del departamento, desde la cocina venían ruidos de cacerolas y vajilla. Eleonora asomó su melena roja y gritó: justo a tiempo, y reapareció con una sopera. Preparé el minestrone que me enseñó la abuela piamontesa; no le escatimé ningún ingrediente. Qué olorcito provocativo ¿verdad? Y le alcanzó el plato humeante.

Ignacio casi metió la cara en el plato y sólo le llegó el vapor caliente que humedeció el interior de su nariz. Soplando, se llevó la cuchara a la boca, reconoció el gusto a cebolla y apio, el toque delicioso de la panceta, pero desprovisto de olor. Algo faltaba para que el disfrute fuera completo.

Más tarde, en la cama, la sedosidad de Eleonora no lo tentó como siempre. Sus dedos la recorrieron como quien explora una escultura de mármol. El cuerpo de ella sin su perfume natural, había atenuado su deseo. Hizo el amor obedientemente, sin placer, igual que cuando de chico se comía el guiso recalentado que le dejaba su mamá antes de ir al trabajo. Lo sumergió una ola arbitraria de rencor hacia Eleonora, que ajena a todo, alegre, juguetona, se rendía al momento con los sentidos despiertos.

Buscó en Internet y se enteró que era anósmico, una enfermedad raramente reversible. Leyó palabras científicas que nada le aportaron y en un cuestionario le respondió a la pantalla: no hubo ningún trauma o accidente recientes y menos me acuerdo de cuando empezó. Supo del alto porcentaje de anósmicos que había en el mundo y, lo más alarmante, que una probable consecuencia de la pérdida del olfato también ocasionaría la disminución del gusto. Pensó que el olfato es el más primitivo de los sentidos, que se manifiesta en fuertes sensaciones viscerales, ligadas a los instintos, al miedo, a la supervivencia, pero también al goce.

Lo más cruel era sentirse privado de los recuerdos que los olores evocaban. Eran muchos más de los que creía; los lejanos emergían incompletos, como despojos, interrumpidos por huecos incomprensibles, producto de su cerebro perezoso que no enviaba órdenes correctas a los nervios olfativos. Aspiraba el aire con fuerza, como alguien a punto de asfixiarse. Los esfuerzos fueron inútiles, los olores ya no estimulaban esa capacidad secreta de placer: los jazmines perdieron significado, el cuerpo de Eleonora se convirtió en el de una extraña, sin repercusión en él. Tocarla no podía compensar la desaparición de su íntimo olor a mar. Los aromas añejos se habían disipado y no habría nuevos.

Se dejó caer en un ostracismo voluntario y no habló con nadie de la “anomalía”, como él la llamaba. No hizo una consulta, tenía la certeza de que el destino había tirado sus dados y eso era lo que le correspondía. Se entregó a un silencio tenaz y todas las palabras economizadas las usaba hacia adentro, para reconstruir o zurcir los agujeros en la red de los recuerdos.

Lo que obtuvo era falaz, dudoso, no conseguía discernir si los jazmines estaban conectados a instantes felices o amargos. Los jazmines dejaron de ser los jazmines y sólo fueron unas florcitas apáticas, de vida corta, que al poco tiempo languidecían, amarilleándose irremisiblemente. Y Eleonora pasó a ser una mujer de pelo demasiado rojo, un poco tonta en su entusiasmo infantil, que cocinaba platos desabridos y también se mantenía así de insípida en la cama.
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Re: Historias de ayer,de hoy de mañana

Mensaje por fabiolaselene_ el Jue Oct 22 2015, 16:13


Su cuerpo y su cara pueden aparentar cien años; sin embargo es el reflejo de todas las edades: la niña, la de quince, la adulta y la anciana se arrebujan en las fibras de su carne, en los caminos de las arrugas, en la fijeza febril de los ojos. Nadie sabe su nombre, son muchas en una. Demasiadas. Pero basta referirse a ella con un nombre universal, María (con sus variantes regionales), y sus múltiples procedencias: Budapest, Polonia, algún pueblito en Sicilia, Bosnia, Angola, Bagdad o Kabul. Sus historias se superponen y terminan formando un arquetipo: la mujer en las guerras. No la guerrera —aunque en un sentido lo es— sino la que soportó (y soporta) las consecuencias de los intereses del poder, ajenas a su vida, a la cotidianeidad en la que se mueve.

Guerra civil española. Huir a Francia.
Un día la armazón que ha construido, humilde o próspera, se derrumba como un castillo de arena arrasado por una ola arbitraria, venida quién sabe de dónde. Allí comienza la huida, el peregrinaje o la búsqueda de los que están perdidos. Las manos secas de escarbar en escombros, los pies agrietados de caminar, los ojos siempre alerta, escrutando el cielo o a sus espaldas.
María, la que vive en la ciudad, la abandona; María, la campesina, va a refugiarse en los bosques o en las montañas. A veces se encuentran, pueden hablar diferentes dialectos, pero se comprenden. Acarrean lo poco que rescataron y lo más importante: hijas, hermanos pequeños, los abuelos.
El quehacer diario se convierte en pura supervivencia, saber que lo urgente es el refugio y el alimento. La María urbana aprende a conservar la carne con un resto de vinagre y cuando ya no es suficiente porque empieza a descomponerse, raspa los gusanitos hasta que no quede ninguno. Con una tenaza que le presta un viejo carpintero, previa esterilización en una olla de agua hirviendo, le arranca a su hija adolescente esa muela que le hincha la cara de dolor. Para desinfectar la herida, sólo dispone de unos chorros de limón silvestre… Y esas tareas consumen sus días y su cuerpo. Ahora es la jefa de la familia, la que toma las decisiones.

La estrategia es, a veces, desplazarse, recorrer largas distancias, bordear ciudades o puntos de conflicto que resulten objetivos militares. Pero nunca se sabe donde bombardearán, por eso duerme poco, vigila.

Su poder de adaptación y los recursos que encuentra para sobrevivir y proteger, ni ella los conoce, los va descubriendo a medida que surgen los obstáculos, ante cada nueva contingencia, con la laboriosidad de una hormiga y el coraje de una loba. Emerge su parte salvaje, instintiva, de preservación y amparo, tanto si es una intelectual o una analfabeta.

Se acabó la privacidad, la higiene es mínima. Las bombas o los misiles que llegan de sitios remotos, no son los únicos peligros. Están las enfermedades, la locura del miedo, las heridas que no se curan, la incertidumbre del mañana, la muerte detrás de una pared medio desmoronada o las minas en los campos. Y una constante que se repite en todas las guerras, santas o profanas y en todas las latitudes: el deseo feroz de los hombres, que satisfacen en sus cuerpos.

No son únicamente los invasores, los enemigos, a veces son los de su propio pueblo. Y arreglándose las ropas desgarradas, María (todas las Marías), vuelve a cubrirse, sin nada más que entregar: ya se lo han quitado todo.

Alguna abuela la ayudará a levantarse y le susurrará, desde su profunda compasión y a modo del más descarnado consuelo, que ellos sólo tienen miedo, un miedo tan irrefrenable, que quieren volver, de alguna manera, al vientre materno, que necesitan otra vez estar cobijados en ellas. Por eso lo hacen.
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Re: Historias de ayer,de hoy de mañana

Mensaje por fabiolaselene_ el Mar Nov 10 2015, 16:14




Llegó silencioso, sin alharacas, pero terminó por hacerse un hueco en nuestras vidas. Nunca fue su intención restarle protagonismo al verano, rey de la diversión, sino que esperó a que el desenfreno, el frenesí y la alegría se fuesen con la música a otra parte según iban transcurriendo los días.
En el paseo de esta tarde soleada y sin viento pienso, que más que la bajada de las temperaturas o de mojarnos sin excesivo celo, como si la crisis le afectase, han sido las plantas y los animales silvestres quienes, a la chita callando, nos han insinuado con su ausencia que aquí se hallaba. La algarabía de los pájaros se ha desvanecido tejiendo silencios y las flores, como los perfumes que exhalaron, evanescencia son.
Amarillas las hojas de unas viñas, cobrizas las que aún quedan sobre otras cepas, entregadas las uvas y, descansando ya como vino, en barriles de oscuras bodegas.
Treinta y siete pardales lo menos, cruzan raudos el cielo, escapando de una mujer que los ahuyenta con aspavientos y voces, por mermar la ración de pienso y granos destinada a sus pollos y gallinas.
No quedan maíces, ni castañas, ni por supuesto, nueces. No se ven ya moras, ni habas, ni manzanas. Ni peras. Sólo restan coles. Unas aquí y otras más allá.
Un hombre cargado de años trabaja en la limpieza y quema de la broza improductiva, crecida en su huerto durante los meses de estío y el tren de las 16.18 atraviesa por delante de la remozada estación del pueblo, moderando levemente su velocidad, sin mirar ni de soslayo.
El mar, poco más allá, semeja un espejo de plata. No tiene una sola quilla que le escriba una fugaz línea o le dibuje un trazo en su lámina de agua. Ni de madera, ni de poliéster ni tan siquiera de plumas, la quilla.
Bocanadas de humo incierto impregnan el aire con el olor de la maleza quemada, a más de cien metros de la lumbre del labrador. Chisporrotean laureles entre las llamas cuyas lenguas asoman de tanto en tanto, entre retorcidos brazos leñosos ennegrecidos.
Una paloma viene y una corneja se va. Otra escandaliza, rompiendo el silencio, desde lo alto de la desnuda noguera, mientras mis pasos se tornan ruidosos pisando las hojas secas caídas de unos plátanos, que decidieron no dar más sombra por este año.
Según avanzo, reparo en las fincas ocupadas por zarzas, perpendiculares a otras dedicadas al mismo abandono. Repletas de abrojos, espinos, tojos y algún pino mozalbete. Yerros herrumbrosos yacen donde hubo viñas, abrazados por las madreselvas, a los pies de postes pétreos. Cuánto trabajo se ha ido detrás de las manos que no ha mucho, azacaneaban esfuerzos al aguardo de los frutos.
Tras unas curvas del camino un acebo repleto de bayas rojas cautiva la vista. Acumula más frutos que hojas en el que dos mirlos se atiborran entre sus ramas. Uno escapa al sorpenderle mi presencia, dejando tras de sí un estridente aviso: " chi chi uí uí ". Entre tanta bermeja bolita contrastan dos parejas de limones, de un nítido amarillo chillón.
Un poco más allá, un herrerillo y un carbonero se dan un festín dulzón con la pulpa de unos anaranjados y maduros caquis. Otro mirlo, de pico anaranjado, se posa escrutador en lo alto de un muro. Tras unos segundos de inspección se interna entre los millares de bayas rojas. Seguramente es el mismo que se alejó hace unos momentos.
Al borde de las huertas florecen en los tendales de algunos balcones de los edificios, camisetas, jerseys, pantalones y calcetines. Todos de mil colores, mientras tres camelios esperan la ocasión para abrir sus flores.
Se han ido los jilgueros, los verderones, los vencejos y tampoco trisan ya, las pocas golondrinas que nos visitan. No hay saltamontes, ni frotan sus alas los grillos, ni tampoco quedan lagartos al sol.
Con la caída de la luz se han difuminado el humo de la hoguera, el labrador, las pocas gaviotas que estaban en la orilla e incluso el perro del hortelano pero, han vuelto los cólquicos, mataperros, narcisos de otoño o azafranes silvestres. Todos en uno. ¡ Delicados en su sencillez parsimoniosa !. Florecidos lilas sobre variados verdes.
Y en la misma calita, donde holgazaneaban en el mes de mayo, los azulones siguen rebuscando su merienda en aguas someras. Cuento más de cincuenta. Parpan, más bien burlándose de dos perros que guardan una casa, encerrados por los muros de la finca cercana. Semejan divertir a los ánsares más que amedentrarles, con sus ladridos excesivos.
El fresco se hace más patente a medida que regreso, andando ahora a la vera de un liquidámbar monocromo, ataviado de arriba a abajo con un terno burdeos y de varios robles americanos diríase que, engalanados con sus hojas vestidas como flores ocres, amarillas, granates, burdeos y otras aún verdes. Componen un mosaico foliar que impregna la vista.
El Otoño no ha venido para quedarse pero sí, para pasar con nosotros una temporada.
"Por San Martino mata el pobre su cochino y por San Andrés, el rico los tres", dice el refranero popular.

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Re: Historias de ayer,de hoy de mañana

Mensaje por fabiolaselene_ el Jue Nov 26 2015, 22:41





Mi viaje a Paris.

París je t´aime, la ciudad de las luces y el amor, la torre Eiffel y repito la torre Eiffel..... Este emblemático edificio perdió toda belleza para mí cuando en vez de alzar la vista hacia el cielo, como haría todo turista, mis ojos frenaron en seco al observar la fuente que se encontraba a unos metros.


Recuerdo que era un día de un calor insoportable, todos los "guiris" paseaban rosados y sudados a mi alrededor. Unos se abanicaban con un folleto turístico, otros se refrescaban en la fuente. Y fueron precisamente estos últimos los que provocaron en mi ser un sentimiento repulsivo. Siendo una niña de corta edad, como lo era yo con cinco años, quise al igual que mis semejantes, sumergirme en aquel agua. Me quité los calcetines, remangué mis pantalones y cuando ya me disponía a introducir uno de mis piececitos en la fuente, mi madre apretó y tiró de mi mano para detenerme. Entonces entendí por qué lo hizo al mismo tiempo que me llenaba de espanto. Flotando, pero sin la inocencia de un barquito de papel, se hallaba un excremento humano navegando a la deriva.
Vete a París y te enamorarás.

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Re: Historias de ayer,de hoy de mañana

Mensaje por fabiolaselene_ el Jue Nov 26 2015, 22:44



Pula, el viaje sin retorno

Tras horas y horas de traqueteo nocturno, llegamos al fin a la capital de Croacia, Zagreb. Estábamos más alteradas de lo normal porque no teníamos donde caernos muertas, es decir, carecíamos de cama o cualquier cosa que se lo pareciera. Nada más salir de la estación dos muchachos muy simpátiocs de origen Danés, nos preguntaron si sabíamos ya donde pasaríamos la noche. Pensando que ellos nos aconsejarían les seguimos el rollo, pero fue un craso error. Nos asustaron de tal manera con su acento escandaloso: -¡All is totally full!-, que no nos quedó otra que aceptar su propuesta de ir a Pula, en la otra punta de Croacia, en la zona más recóndita de la costa. A las once de la noche, cogimos los billetes de autobús, que no fueron muy baratos y a la aventura nos subimos al vehículo. Por lo menos podríamos dormir, pensé yo...pero ¡nada de eso! el gélido aire acondicionado se te metía hasta el cerebro y hacía que tus ojos permanecieran abiertos como platos. Todo el trayecto de 12 horas sin dormir, pensaba que moría de inanición, sueño, frío....


Al aterrizar en Pula, ya era de día, más que de día, y aun teníamos que seguir andando para buscar un albergue u hospedería. Después de dar vueltas y vueltas a aquel diabólicio pueblo en el que todas las calles eran iguales y conducían al mismo sitio, mandamos a freir espárragos a los daneses, y sin dormir cogimos otro autobús para volver a la capital. Paradójicamente, fue el día que más pude llegar a odiar a una persona desconocida.

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Re: Historias de ayer,de hoy de mañana

Mensaje por fabiolaselene_ el Sáb Nov 28 2015, 12:58



Otoño

Un año más llegas a mi vida con tu frío incipiente, tu paisaje bucólico de hojas secas que alfombran los paseos, los caminos y alamedas con ese manto ocre con matices de colores que ponen el colorido a los días y sobre todo, a los atardeceres.

Eres la estación de los poetas, de los pintores, de los viejecitos que caminan despacio sintiendo el crujir de las hojas bajo sus pesados pies. Pasos lentos y vacilantes, miradas de ocasos y esa luz extraña que lo envuelve todo.
Veo a una pareja de ancianos sentados en un banco. Se miran con ternura, sus manos arrugadas se acarician levemente y en sus mentes y en sus corazones reviven quizá los recuerdos de pretéritas primaveras…

Pero no puedo evitar que la emoción disipe mi tristeza.

Del viejo árbol de mi vida, también caen las hojas del calendario mecidas por el aire de los acontecimientos. Poco a poco, mi tronco desnudo, comienza a sentir el frío del ambiente y la añoranza mezclada con una pizca desazón por la cercanía de un invierno que presagia frío y desesperanzas.

Esta abulia, esta tristeza que hoy me embarga, quiero pensar que será pasajera. Mis dolores, mis penas, mis añoranzas… La ausencia de hojas, y el frío de las desilusiones, hacen temblar mis viejas raíces. ¡Pero no quiero!. ¡No debo pensar en las hojas que ya han caído!. Sé que éstas servirán de nutrientes para la tierra y alimentará la vida que en forma de savia nueva, recorrerán mi tronco y mis ramas y volverán a surgir hojas nuevas.

Por eso, cuando el jardinero tome sus tijeras y hiera mis ramas cortando la parte más reseca, aunque me duela, pensaré que ese sufrimiento no es baldío, porque con la generosidad de la lluvia y abono de la amistad brotarán unas yemas de las cuales, surgirán como un milagro nuevas hojas verdes, que cubrirán mi copa.

Puede que ya no sean tan abundantes, ni tengan la fortaleza de antaño. Puede que no broten grandes flores, ni produzcan jugosos frutos, pero sí servirán, para dar sombra y cobijo a quien cansado busque la sombra de un árbol amigo.

Mientras esto ocurra, mi vida tendrá sentido y cada otoño, aunque más viejo y cansado, el árbol de mi vida, seguirá suspirando y añorando disfrutar de otras primaveras.

Mientras mi querido otoño, déjame cubrir mis ramas con otras hojas que calmen mi frío y me arropen con su calor: las hojas de un buen libro.

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Re: Historias de ayer,de hoy de mañana

Mensaje por fabiolaselene_ el Miér Dic 09 2015, 22:49



... y echaron a volar.

Cruzaron el océano, atravesaron los Andes, pasaron por el ecuador y alcanzaron el otro hemisferio.

Los pájaros volvieron con mensajes en sus picos. Las palabras que llevaban habían germinado en tierras lejanas, compartiendo nutrición con las semillas de otros nidos.

Cuando abrí las jaulas donde guardaba las palabras (léase cuadernos, archivos de pc, hojas sueltas), no tenía expectativas. Ni siquiera me gustaba la Web, menos manejar un blog. Aprendí con el viejo método de ensayo y error, en una computadora que pedía a gritos jubilarse. No me quedó más remedio que pasarla a retiro y en Navidad me regalé una más acorde a las nuevas necesidades.

Este fue un año intenso y activo. No podía dejar de festejar este aniversario y agasajarlos de alguna manera.

Increíblemente, a lo largo de estos doce meses recibí muchas visitas. Se crearon lazos, algo inimaginable para mí: fuertes lazos virtuales.

No soy de las que hacen balances, prefiero agradecer. De las buenas experiencias, disfruto; de las otras, aprieto los dientes e intento comprender qué me están mostrando de mí misma y cuál es el aprendizaje. El tiempo termina por descubrirme la enseñanza, lástima que soy tan ansiosa y en la espera, como dice el tango, se me pianta un lagrimón...

Un blog lo inicia el propietario, pero crece y se conforma entre todos los que vienen y aportan sus opiniones. Sin ustedes este espacio no tendría para mí ni vida ni sentido.

Por eso y por tantas cosas más que no sabría explicar:

¡Gracias!

A los muchos que me leen en silencio.

A los que aparecieron fugazmente y a los esporádicos, porque el nido es abierto y promulga la libertad.

A aquellos que no me comprendieron y a los que yo no comprendí. Somos humanos y, a veces, las palabras no salen en la combinación exacta.

También a los que, en algún momento, no pasarán más por aquí, pero de los que conservaré el afecto y el apoyo que me brindaron.

Y a los que siempre están y me siguen acompañando en este extraño viaje que emprendí y con el que me enriquezco día a día.

Aunque mi voluntad es de hierro, mi cuerpo es bastante frágil y quizás no pueda mantener un ritmo constante. Como me comprometo y no sé hacer las cosas a medias, procuraré encontrar un equilibrio para quedarme cerca lo más posible.

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Re: Historias de ayer,de hoy de mañana

Mensaje por fabiolaselene_ el Jue Dic 10 2015, 16:22



El regalo del mar

Me lo señalaste durante un paseo por la playa, a esa hora en que los colores se atenúan. Estaba junto a mi pie, semienterrado en la arena y me miraba con un ojo inmóvil, impenetrable. La ola se retiró y ahí se mostró entero, amputado de su procedencia: un desecho del mar que, en su vaivén, lo designó para nosotros. El dios Neptuno, en el murmullo de su cuerpo líquido, te habrá sugerido que lo levantaras, lo enjuagaras en la transparencia de sus aguas, para ofrecérmelo.

Hoy lo sostengo entre los dedos y admiro cómo la naturaleza lo ha ido labrando en su infinita paciencia. Al tacto tiene la textura de la piedra pómez, con una suavidad engañosamente áspera. Acaricio su superficie, esa simetría cavada en alvéolos, como un panal petrificado. Mi viejo hábito de construir historias busca atribuirle un origen. El tenue color marfil, la perfección del dibujo que surca su cara, me hace pensar que fue un jirón del encaje que alguna de las cincuenta ninfas marinas estaba hilando en su caverna, mientras sus cuarenta y nueve hermanas le cantaban a la inmortalidad.

Pero su forma también me recuerda a la luna en cuarto creciente, su topografía cubierta de cráteres y lo imagino como una astilla lunar desprendida de la carne materna que, atravesando la noche galáctica, cayó en el mar. Habrá sido hace milenios, porque su cuerpo está impregnado con la salobridad de las algas.

Cuando salgo de mis fantasías y miro ese objeto que encontraste en una playa, no estoy segura de su génesis, sólo puedo conjeturar que su origen fue animal y que contribuyó a forjar un arrecife, del que fue arrancado por la furia de las olas.

Hoy lo sostengo en la palma de mi mano: el deslumbrante trozo de coral blanco que me regalaste y que guardé. Hoy me acuerdo de ese atardecer a la orilla del mar, vos sonreías, yo estaba triste, un presentimiento, tal vez. Hoy miro tu regalo, pero vos ya no estás.

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Re: Historias de ayer,de hoy de mañana

Mensaje por fabiolaselene_ el Vie Dic 18 2015, 22:27



EL PROBLEMA DE LOS OTROS.
Fábula.
Érase una vez un sabio muy conocido que vivía en una montaña Himalaya. Cansado de convivir con los hombres, había optado por una vida sencilla y pasaba la mayor parte de su tiempo meditando.
Su fama, no obstante, era tan grande que las personas estaban dispuestas a caminar por estrechos senderos, subir colinas escarpadas o vadear caudalosos ríos sólo para conocer a aquel hombre santo, al que creían capaz de resolver cualquier angustia del corazón humano.
Este sabio, como era un hombre muy compasivo, no dejaba de dar un consejo aquí y otro allá, pero procuraba librarse cuanto antes de los visitantes no deseados. A pesar de todo, éstos aparecían en grupos cada vez mayores y, en cierta ocasión, una multitud se agolpó a su puerta diciendo que en el periódico local se habían publicado bellas historias sobre él y que todos estaban seguros de que sabía cómo superar las dificultades de la vida.
El sabio no dijo nada; les pidió a todos que se sentasen y esperasen. Pasaron tres días y no paraba de llegar gente. Cuando ya no quedaba espacio para nadie más, él se dirigió a la muchedumbre que esperaba frente a su puerta:
– Os voy a dar la respuesta que todos queréis. Pero debéis prometerme que, a medida que vuestros problemas se solucionen, les diréis a los nuevos peregrinos que me fui de aquí, de manera que yo pueda continuar viviendo en la soledad que tanto anhelo.
Los hombres y las mujeres presentes hicieron un juramento sagrado: si el sabio cumpliese lo prometido, ellos no dejarían que ningún otro peregrino subiese a la montaña.
– Contadme vuestros problemas –pidió entonces el sabio. Alguien comenzó a hablar, pero fue inmediatamente interrumpido por otras personas, ya que sabían que aquélla era la última audiencia pública que el hombre santo daría y temían que no tuviera tiempo de escucharlos a todos. A los pocos minutos, la situación ya era caótica: multitud de voces gritando al mismo tiempo, gente llorando, hombres y mujeres arrancándose los cabellos de desesperación ante la imposibilidad de hacerse oír
El sabio dejó que la escena se prolongase un poco más y por fin gritó:

–¡Silencio!

La multitud enmudeció inmediatamente.
–Escribid vuestros problemas y dejad los papeles aquí, frente a mí.
Cuando todos terminaron, el sabio mezcló todos los papeles en una cesta, pidiendo a continuación:
–Id pasando esta cesta de mano en mano y que cada uno saque un papel y lo lea. Entonces podréis cambiar vuestro problema por el que os ha tocado o pedir que os devuelvan el papel con el problema que escribisteis originalmente.
Todos los presentes fueron tomando una de las hojas de papel, la leyeron y quedaron horrorizados. Sacaron como conclusión que aquello que habían escrito, por muy malo que fuese, no era tan serio como lo que afligía a sus vecinos. Dos horas después intercambiaron los papeles y cada uno volvió a meter en su bolsillo su problema personal, aliviado al saber que su aflicción no era tan dura como se imaginaba.
Agradecieron la lección, bajaron la montaña con la seguridad de que eran más felices que los demás y, cumpliendo el juramento realizado, nunca más permitieron que nadie perturbase la paz de aquel hombre santo.

Paulo Coelho

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Re: Historias de ayer,de hoy de mañana

Mensaje por fabiolaselene_ el Mar Dic 22 2015, 22:51





Yo, Julia de Miguel, me declaro...Responsable:

De creer y sentirme Creadora de mi Vida, cada día al despertar. De mí depende comenzar sintiendo que yo puedo, que yo valgo, que yo soy la líder de mi vida.

Soy responsable de hacer feliz a la persona más importante de mi vida: YO. Disfrutar de la vida, haciendo aquello que siento, que me apetece. Siendo fiel a mí, a mi sentir, a mi verdad. Porque sólo siendo mi mejor versión, estoy dando permiso a los demás para que también lo sean.

De parar ese instante en que tu mano se acerca a mi mejilla y sentir el fresquito de tu piel, de querer inmortalizar tu mirada inocente, que me hace volar y me lleva cerquita de tu alma, de las cosquillitas que me produce tu risa de niño travieso...de lo que puedo sentir cuando decido ir más despacio si estás a mi lado, de eso, también soy Responsable.

De ver en lo cotidiano los escenas más bellas que pueda recordar, de hacer de este pequeño momento, el más importante de mi vida.

De darme buena vida, de Super-Vivir.

De escuchar(me) cada vez que mi cuerpo me grita por dentro, se encoge, me quema, me llama y me cuenta...responsable de observarle, sin juicios, serena, acoger lo que viene y dejarlo pasar.

De lo que digo y me digo, de lo que pienso...porque es así como Creo. Quiero palabras que inviten a crecer, a soñar con imposibles posibles, a dar pasos y más pasos, aunque sean cortitos, aunque ni siguiera lleven a ninguna parte, tan sólo van.

De mis cadenas, del esfuerzo tan grande que tengo que hacer para sujetar mis certezas que me dan seguridad, que me hacen sentir que tengo todo controlado...y todo para no arriesgarme a soltar y ver qué pasa, confiar en que lo que llega viene para sostenerme y es perfecto. Soltar y librarme de esos tapones que no me dejar escuchar la música de la vida y poder bailar con ella. Quiero ser la reina de la pista, la protagonista de mi baile, ese que sólo yo puedo bailar, porque sólo yo escucho mi música.

De marcar un ritmo, mi ritmo y de respetarlo. De aceptar que hay noches a 10 grados bajo cero en pleno agosto, a sentir otoños cuando la primavera está en pleno esplendor...y a mi árbol se le caen las hojas...y a vivir veranos de esplendor cuando las montañas nos abrazan con mantos de nieve invernal. Porque sólo así aceptaré tu ritmo, aunque no vaya al mismo compás, aunque cuando yo esté bailando un vals a ti el cuerpo te pida rock and roll. ¿Y si inventamos un baile juntos?

Soy responsable de estar despierta. De activar cada vez con más consciencia mi capacidad de observar sin juicio, de escuchar. Proponerme cada día con un poco más de fuerza escuchar sin juicio, tan sólo mirando a los ojos y sentir (me).

De hacerme preguntas que me lleven a más preguntas...qué importan las respuestas si yo sé que las que hoy me valen, mañana perderán todo el sentido. Lo que quiero es no perder nunca la curiosidad de esa niña pequeña que quiere saber, aunque no le importe tu respuesta.

Soy responsable de elegir a las personas que quiero a mi lado. Porque yo puedo elegir seguir ahí o marcharme. Yo he elegido vivir junto a personas maravillosas. Que me acompañan, me escuchan, me hacen reir y me ponen los pelos de punta cuando me miran y yo siento su amor. Soy responsable de tener a mi lado "gente bonita".

Bendita Responsabilidad, que me libera de sufrimiento, de victimismo, de frustración e impotencia. Que me hace sentir libre, porque la libertad nadie nos la tiene que dar, ni regalar, no hay cadenas, ni prisiones que nos puedan detener, porque la libertad es tu Responsabilidad.


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Re: Historias de ayer,de hoy de mañana

Mensaje por fabiolaselene_ el Sáb Ene 02 2016, 11:10





LOS NIÑOS DE LA CALLE

En las grises calles, de las ciudades
o en áridas tierras de pueblos perdidos,
por doquier deambulan entre vicio y mugre
las caritas sucias de ojos dolidos,
de manos vacías, de sueños sombríos
que a sus cortos años pasmados descubren
un mundo egoísta de ambición y muerte,
que los abandona a su incierta suerte.
Y hay quien los critica porque son rateros,
porque inhalan tinta y son agresivos,
porque a nadie aman, por que son ateos,
porque son escoria ¡niños no queridos!
Qué vergüenza siento que yo forme parte
de una sociedad que nada comparte,
que inmersa en su mundo de absurdos valores,
olvida esos niños que son baluarte
de un mundo futuro con hombres mejores.
Qué vergüenza siento por no reparar,
en que soy culpable por complicidad

Porque nada hacemos para conquistar
el derecho de esos niños que imploran piedad
¡Que si inhalan tinta es para olvidar
que son el oprobio de esta cruel sociedad!
Somos culpables de sus almas dolidas,
de sus puños crispados, de su agresividad,
si nunca han sentido unas manos amigas,
¿cómo exigirles que sepan amar?
Qué vergüenza siento de tanta inmundicia
porque tengo oídos y no sé escuchar,
esas voces tiernas que claman justicia
y que el mismo Dios parece ignorar.
Que triste que el hambre los queme por dentro,
que sus ojos secos no sepan llorar,
y su voz se pierda como hoja al viento

al oído sordo de mi sociedad.
Qué triste que tengan al cielo por techo,
periódicos viejos para sosegar,
el frío que cala muy hondo en los huesos
en las largas noches de su soledad.
¡Ay! Qué vergüenza siento por no reparar
en que soy culpable ¡por complicidad!


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Re: Historias de ayer,de hoy de mañana

Mensaje por fabiolaselene_ el Dom Ene 03 2016, 11:44





EL NIÑO INVISIBLE

Había una vez un niño que tenía miedo a las palabras. Cada vez que quería decir algo en la escuela delante de los demás niños, una vocecita interior le asaltaba y le censuraba con un discurso desvalorizante que creaba en él una inhibición a la acción, se ruborizaba, le sudaban las manos y se bloqueaba impidiendo así que interaccionara con los demás niños. El niño invisible observaba el mundo como un espectador. Siempre estaba triste porque deseaba jugar con otros niños y hablar con ellos, pero nunca se atrevía a dar este paso.
Un buen día, mientras estaba haciendo los deberes en su pupitre, abrió un diccionario para consultar el significado de una palabra que no entendía y de repente pasó algo extraordinario: todas las palabras que había impresas en aquel diccionario empezaron a cobrar vida y se fueron posando una a una en la boca del niño invisible. En aquel momento tomó la palabra la confianza y dijo:
-No tengas miedo de nosotras niño hermoso. Las palabras somos inofensivas, sólo somos una herramienta para la comunicación. Nadie va a juzgarte por cómo te expreses, nosotras te ayudaremos. Cada vez que quieras decir algo, acudiremos a ti y tú sólo deberás de abrir la boca para que podamos salir por ella.
El niño invisible estaba sorprendido, pero se sentía pletórico y feliz, se levantó de su silla y con una sonrisa en sus labios exclamó:
-¡Hola, me llamo Aitor!


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Re: Historias de ayer,de hoy de mañana

Mensaje por fabiolaselene_ el Miér Ene 06 2016, 18:21



Así me lo contó mi abuela, y así también a ella se lo contó la suya. En tiempos muy antiguos, en una hacienda lejana de la capital, una bizarra viuda cuidaba de sus tierras y criaba tres hijas. La distancia de la ciudad y el celo de la madre no habían permitido que las niñas recibieran una educación apropiada ni a su belleza ni a su condición de hijas de una rica hacendada. Bueno, hablando con franqueza, admitiremos que no habían recibido ningún tipo de cuidado, como hierbas silvestres del campo se habían manejado a su aire y albedrío, montunas bien a su gusto. La diligente y ocupada madre no dejaba de reparar en que las niñas se acercaban a la edad casadera y por ese entonces el destino natural y obligado de una mujer era el matrimonio, pero eso implicaba una tarea de presentar a las doncellas en sociedad, buscar los novios que por entendido debían ser buenos partidos.
La madre por el alejamiento de la vida en sociedad, la responsabilidad de llevar la hacienda y lo duro del trabajo, tampoco podía ser una fina señora ejemplo para la prole, así que se veía con un menudo problema ¡y muy importante! ¡¡Casar a las niñas!! Pero, como dice el dicho: ¡Quien no te conoce, que te compre!

La chúcara madre, a su manera no carecía de sentido común, así que planeó la presentación de las hijas. Después de sopesar con cuidado a los posibles pretendientes de los alrededores, se decidió por tres de ellos: jóvenes, guapos, galanos, ricachones…

La hacendada cursó invitación a los galanes para tomar té una tarde en su casa para una amable tertulia con sus hijas, jóvenes doncellas campiranas que estarían encantadas de tener por ellos noticias frescas de la capital, de la moda y de cuanto acontecía en sociedad. La fama de la belleza de las niñas era vox populi en la región, asimismo la fortuna de la madre, así que los jóvenes se sintieron honrados y afortunados de concurrir a la cita.

La madre, conciente de la flaqueza de las bellas en puntuales aspectos de presencia y expresividad, armó un delicado plan de acción para sacar bien lucidas a sus damiselas y venderles gato por liebre a los pretendientes. Convocó a su prole a urgente consejo y las aleccionó con minucia sobre el comportamiento a seguir (¡no vayamos a espantar a los novios!):

-Hijas mías, ya sabemos que ustedes no saben hablar correctamente, así que solo sonrían, ¡tienen encantadoras sonrisas, dientes como perlas! Bueno, pueden decir “gracias”, si así lo amerita la situación, nunca está demás. Pero, ¡¡¡nada de hablar!! ¡¡mejor no caminen!! ¡¡¡Sonrían!

Las niñas vistieron los hermosos vestidos que encargó la madre de Lima, delicados chapines de seda en los pies, exquisito perfume, cabelleras brillantes en todo su esplendor. Sentadas en sendos divanes, esperaron a sus visitantes.


Los caballeretes aparecieron puntuales, la madre los recibió y los introdujo al salón bien adornado para la ocasión. Provocativos entremeses en las mesillas para agasajar a la visita; las tazas de té preparadas, y cerca de allí la marmita puesta al fogón. Los jóvenes agradablemente sorprendidos con la fresca presencia de las damitas pensaban para sí mismos lo afortunados que eran de ser invitados de privilegio de tales bellas. La mayor, rubia, de hermosos ojos verdes y aterciopeladas pestañas que abanicaba con coqueto pudor, no llegaba a los veinte años. La segunda, seguramente de diecisiete tenía una entre pícara y tímida sonrisa que realzaba su luminosa mirada de los grandes ojos pardos. Y la tercera, la quinceañera, no les iba a la saga en belleza y encanto, con sus bucles negros enmarcando el fino rostro en el que los ojos hablaban sin que la sonrosada boca dijera palabra. Y no tenían que hablar porque los jóvenes se desvivían en atenciones y piropos a los que ellas respondían con un “gracias” más dulce que el almíbar. Bueno, ellos estaban encantados de tener tan hermosas niñas atentas a sus palabras escuchándolos como quien oye a Zaratustra, para sus adentros se decían:

-Atentas y discretas, ¡qué más se puede pedir!

En esos coqueteos andaban, la madre ausente para propiciar los galanteos… y la marmita puesta al fuego para el té… cuando he aquí que el agua reventaba a más y mejor, con hervores cada vez más exigentes! La mayor nubló su hermosos ojos con preocupación… ¿qué tocaba hacer? ¡¡el agua!! En un rapto de desesperación, olvidando la advertencia materna, con fuerte y campirana voz se dirige a sus hermanas:

-¡Eeestá jerviendo la jeeervedera!!!

El galanteo quedó en el aire… ¡Oh!... ¡qué consternado silencio…!

La segunda, con reproche grita a la mayor:

-¡Maaama dijo que nooo jaaablaras…!!

Y la más joven, revolviéndose en su asiento sobre las almidonadas enaguas, añade con satisfacción de niña cumplida:

-¡¡Feeelizmente que yo noo jabléeee…!!

¿Y los pretendientes? … Patitas, para qué os quiero… ¡Pies en polvorosa!!

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Re: Historias de ayer,de hoy de mañana

Mensaje por fabiolaselene_ el Miér Ene 06 2016, 18:35



Las siete iglesias

Juan iba a acabar ya su turno,tenia muchas ganas de llegar a su casa,eran casi las doce y llevaba desde las 6 de la tarde paseandose por la ciudad con su taxi,hacia donde los transeuntes le pedian que le llevaran...
Para llegar a su casa,una urbanizacion de chalets donde vivia con su mujer,debia de pasar por delante del antiguo cementerio,viendo siempre la neblina que rodeaba las tumbas a esas horas...le daban escalofrios...
Pero,esta vez al pasar,vio fuera de este a una chica,vestida de blanco con su pelo negro liso suelto y un gran escapulario de oro colgado del cuello,,,ella le hizo una seña para que parase...al principio el penso en pasar de largo,estaba ya muy cansado,pero no era plan de que una chica tan joven se quedase en medio de ese camino normalmente abandonado con el peligro de que los mendigos y drogadictos que entraban al cementerio de noche la hiciesen algo,asique paro...
-Hola,me puede llevar a ver siete iglesias las que usted kiera por favor?-tenia aspecto cansado y una voz muy dulce...pero tambien algo xtraño en esta ya que a pesar de su dulzura era bastante metalica...
El la llevo a siete iglesias de su ciudad,en cada una de ellas,la chica se bajaba del taxi y se ponia en la puerta cosa de 10 minutos con la cabeza gacha como si estuviera rezando una oracion...
Tras visitar la ultima iglesia,la chica se subio en el taxi...-No tengo nada para pagarle la carrera,pero por favor,acepte usted este ecapulario de oro que llevo en el cuello y mañana,vaya a esta direccion entreguele el escapulario a mi padre y el no dudara en pagarle....ahora lleveme donde me ha encontrado....-cuando el cogio el escapulario a la vez que el papel de la mano de la chica,se dio cuenta de que estas eran muy suaves pero frias,como el hielo...
Llego a su casa y se acosto,dejando el escapulario en su mesa de noche junto al papel pensando que quiza se trataba de una broma y que al ir al dia siguiente a esa direccion ni siquiera sabrian quien era esa chica...pero Juan no se levanto de la cama hasta tres dias despues,habia tenido fiebres extrañas y deliraba,su mujer y sus hijos estuvieron a su lado....
Cuando se levanto,lo primero que hizo fue coger el escapulario,la nota y subirse en su taxi para ir a esa direccion...al meter el escapulario en su bolsillo se dio cuenta de que este misteriosamente estaba lleno de arena...
Llego a la direccion,llamo y se encontro con un hombre anciano,el taxista al explicarle su historia,vio como el anciano comenzaba a llorar y no podia contenerse cuando le entrego el escapulario...le hizo pasar a su casa y le enseño una foto de una joven,era la joven que el habia llevado a las 7 iglesias...el hombre le pidio que le acompañase al cementerio...
Una vez alli,llegaron a un nicho,con una foto de una joven...la chica....
-Era mi hija,murio hace 7 años de un accidente de coche,tenia solo 21 años...se llamaba sandra y la enterre aqui,nunca la hice ninguna misa...ayer hacia 7 años que murio....desde hoy la hare una misa cada año que pase...
Juan no acepto ningun dinero que el hombre le ofrecio,fue un suceso raro,extraño,pero al menos,sabia que a alguien le habia dado la paz que tanto necesitaba....

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Re: Historias de ayer,de hoy de mañana

Mensaje por fabiolaselene_ el Jue Ene 21 2016, 10:59




TENER UN HIJO (Por Andreu Buenafuente)

El verano pasado mi hijo Alejandro, cumplió 4 años, y, cuando sopló las velas , mi mujer y yo le dijimos:

-Cariño, pide un deseo. A ver, ¿qué has pedido?

Y el niño nos mira así, todo ilusionado, y nos dice:

-Una play station o un hermanito.

Y mi mujer y yo nos miramos. y dijimos:

-'joder, la playstation son ochenta mil'

Así que fuimos a por la parejita. Si lo llego a saber, va ella sola. Hay que ver lo rápido que se queda embarazada una novia, y lo que cuesta dejar embarazada a tu mujer.

¡Es verdad!. ¡Tu llevas un mes saliendo con una chica, estás parado, le caes mal a sus padres, no te quitas el condón ni para ducharte. Y la dejas embarazada a la primera!

Ahora, como vayáis a por el niño. Es mas fácil sacarla de España de tanto empujar, que dejarla embarazada..! Eso si, os ponéis los dos muy melosos:

Velitas, incienso, música de saxofón. porque piensas:

Vamos a hacerlo con mucho cariño para que sea fruto del amor.

Después de seis meses sin que se quede embarazada dices:

'A ver si va a ser mejor que sea fruto de un polvo'.

Sí, porque pasa como con el fútbol. Jugar bonito le gusta a todo el mundo , pero lo que cuenta es meter gol. Así que vais a consultar al ginecólogo y el tío te dice:

-Esto es normal. Tenéis que insistir más.

Total, que te receta los polvos como si fueran Frenadol:

-Tres al día cada 6 horas.

Cuando llevas dos meses a este ritmo, te quieres morir.

Lo peor es la semana de ovulación.. Porque, por lo visto en esos días sube la temperatura. y eso aumenta la fertilidad. Así que mi mujer está todo el día con el termómetro. Y claro, de repente, estás en medio de una reunión y suena el teléfono:

-Cariño, me ha subido. Vente corriendo. Tiene que ser ahora mismo.

Y a ver como se lo explicas a tu jefe:

-Mire, me tengo que ir., es que a mi mujer le ha subido la temperatura.

-¿y no puede atenderla un médico?

-Hombre. es que preferiría que el niño fuera mío.

Y llegas a casa y te la encuentras ya desnuda y preparada., que dices:

'jo, yo así no puedo! Esto es como comer pipas peladas.!'.

Y es que ella no piensa en otra cosa. ¡Coño, que parece un tío!

Y yo me siento como una máquina. Vamos, que cuando terminamos me dan ganas de decirle:

'Su espermatozoide, gracias!.

Y, encima, todo el mundo te da consejos:

Hacedlo en la postura del misionero, con luna llena; que ella se ponga un cojín debajo y que después de hacerlo se pegue media hora tumbada con los pies en alto.

Joder ! ¡La pobre! Es la primera vez que soy yo el que tiene que decirle a ella:

'¡Aguanta, aguanta un poco más!'

Al final, cuando vimos que no había forma, volvimos al médico, y va y me dice:

-Bueno, pues, lo mejor va a ser que se haga un análisis de semen, porque puede que tenga usted pocos espermatozoides.

Qué tú piensas:

'¡Coño, seis meses.. a seis polvos diarios..! ¡lo que me extraña es que me quede alguno!'.

Y el médico:

-Aunque también podría tratarse de astenospermia. Lo que se conoce como...'Espermatozoides vagos'.

Y mi mujer:

-¡Buah.! ¡Pues va a ser eso.! Porque se pasa el día tocándose los huevos.

Y el otro:

-Usted no se preocupe, que si es eso, podemos extraerlos e implantarlos en el óvulo.

¡Si hombre.! Una cosa es que sean vagos. y otra ponerles taxi para recorrer doce centímetros.!

Y el médico:

-Es que ésto es muy difícil. Tenga en cuenta que de millones de espermatozoides sólo puede ganar uno.

-¡Mira, como en Gran hermano !

El caso es que tienes que hacerte el análisis. Te meten en una habitación con un vasito y un montón de revistas porno. Y tú te sientas allí, a ver si se anima.

Pero estás mirando un montón de fotos de tías en pelotas y lo único que piensas es:

'¡Huy!, fíjate ésta... con las caderas tan estrechas va a tener problemas en el parto, ¿eh?... ¡Huy!, esta otra..con toda la silicona que se ha metido... ¡a ver como amamanta al niño!'

Y encima, mi mujer desde fuera:

-Cariño! ¿Has terminado ya? ¡En casa no aguantas tanto!

Total, que al final, con mucha buena voluntad consigues llenar el vasito.

Pero luego te pasas toda la semana jodido mientras esperas los resultados.

Lo peor de todo es que empiezas a dudar de que el niño que ya tienes sea tuyo. Miras al niño y piensas:

'Sí, de acuerdo, Alejandrito es clavado a mí, pero yo tengo una cara muy corriente'.

Y te acuerdas de esa insistencia de tu mujer en ponerle Alejandro.

¿Qué pasa, que Santi no es bonito?

Y ya para colmo es cuando llega tu suegra y le dice:

-¡Ay, que niño tan listo.! ¿A quién habrá salido?

Qué ahí ya dices:

¡Coño, es verdad.! ¡A ver si tampoco va a ser de mi mujer!

Pero de pronto reaccionas:

¡Joder, me estoy emparanoiando! ¡Alejandro es mío!

Hay que tener en cuenta que, en aquel tiempo, dejarla embarazada era más fácil:

Yo estaba en paro, mis suegros me odiaban, me ponía condón.

¡Coño, lo teníamos todo a favor!

Al final nos dieron los resultados y por lo visto, no me pasa nada. Lo que tengo es estrés. Así que le he comprado al niño la Playstation ; a ver si jugando me relajo un poco.













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Re: Historias de ayer,de hoy de mañana

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